Faltaban sólo doce horas y tú seguías sedada como sombra de luna llena
Creo que toqué el útero de la muerte
mientras violines agónicos explotaban disonantes por tus pulmones cansados
Sé que me escuchaste,
Sé que me sentiste,
Y
sé
que
estabas
sonriendo.
Héctor Veloso E.
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