lunes, 5 de noviembre de 2018

El día en que la muerte no fue capaz de matarme


En el suelo de las sílabas
Encontré un golpe feroz en mi rostro.
Estaba en el bosque,
Era de noche.
Las sílabas no se sostenían.
Por momentos,
Los corvos asesinos
Se clavaban en mi piel
Más allá de lo soportable,
Rebanándome la cabeza de Mamut lanudo
Las venas bailaban como hilos de títeres.
A lo lejos, observé al lobo hambriento,
Aullando, muriendo de hambre.
Se acercó cual meteorito a la atmósfera,
Arrancando de cuajo.
Tendones y uñas que encontró a su paso.
A mí sólo me maldijo.
Escapó y nunca más lo vi.
Cuando sangraba tenía la esperanza.
Algo había en mí,
Algo que no podía imaginar,
Pero que me hacía ver el paraíso:
Quería decir basta,
Gritar, dejar de mentirle al mundo,
Ya era suficiente.
Fui yo mismo quien se dejó agredir.
El olor de mi sangre
No es la que prefieren los lobos.
Soy carne de insectos coloridos,
De arañas nuevas y vírgenes.
Algún día, algún día
Podré gritarle al viento tibio
Que la muerte no fue capaz de matarme.

Héctor Veloso Espinoza

No hay comentarios:

SEÑOR TESORO

La partida del señor tesoro Será bajo tinieblas Ocupando un trampolín a chorro Para alejarse de los más necios, Él usará la se...